miércoles, 26 de octubre de 2016

Intuiciones, esos microsaberes…


Son esos pequeños saberes que nos desgarran la conciencia. Vienen con la velocidad del rayo: en el cerebro con su química y su eléctrica de la sinapsis; y como, las descargas meteorológicas llevan a la carga desde suelo a trazar una luz sobre el cielo; metamorfosis. Una carga de información sobre algo rasga el paraguas de la conciencia, entrando en un caos de cosas que nos ponen en alerta sobre lo que acontece. Pero el gran problema es que estos pequeños saberes son acallados por las cotidianeidades de las certezas molares, morales y establecidas; sea por temor o por también creerlo una locura, un imposible, es por consiguiente acallado, olvidado, perdido en el tiempo. Luego a ello, la confirmación de una intuición es dada por el tiempo, se cumple, se concreta y llegamos a decir: ¡Te das cuenta, yo sabía! Minuciosa, lo llamado intuición recorre los esteros de la conciencia, vagando, susurrando su aproximación verdadera.
Nos acerquemos a la intuición como un pensamiento pre-formal, pre-formado, allegándose al devenir. Donde algo de lo actual se desarma en un bloque donde el presente se embebe de historia y se rarifica en el futuro. Un discontinuo aparece ante nuestros ojos, un futuro tan lejano con una historia contada en el presente. Lo intempestivo, lo inactual invade nuestra conciencia.
Esta tarea no es para formar microsaberes, sino de seguirlos, perseguirlos, hasta hacerles caso. Seguir su trazado, su trayectoria, pues no hay nada a interpretar. Su carácter de interruptor, su fugacidad no le quita su intensidad, sus afectos y tampoco su singularidad, su particularidad, y como decíamos arriba: su historia.
¿Pero cuál es la importancia de estos pequeños saberes? Tantas veces nos arrepentimos por no haber seguido estos microsaberes. Su línea nos habría ahorrado un par de situaciones complejas. Por ello que un lapsus, un olvido, los efectos de lenguaje en sus cortes y sus plegamientos devengan en estas pequeñas verdades, turbulentas de la calma estructural.
Un microsaber que rompe con los micropoderes, el acercamiento de unas particularidades, singularidades novedosas que crean nuevas formas de visiones y enunciados. Esa idea que fuga, huye del moldeamiento, de las estratificaciones de nuestras diarias y esquematizadas certidumbres, cristales de pasiones y de razones. Tratar de romper con las viejas divisiones en que la humanidad ha caído o construido. Alma cuerpo, inmanencia trascendencia, conciencia inconciencia, eterno-efímero; materia-sustancia; objeto-sujeto; real virtual, posible imposible; razón pasión…
Un pensamiento así, acerca, presiona estas divisiones hasta achatarlas y pensar en nuevas palabras para los pensamientos certeros, fugaces, pero a la vez pasionales, afectivos.


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