sábado, 26 de octubre de 2013

Clínica esquizoanalítica Operaciones de un sacha-terapeuta Para comodidad tomo procederes por todos conocidos y expectables incluso para las personas que vienen a consulta, quienes pueden tener diferentes nominaciones: paciente, analizado, analizante, cliente, usuario, etc; pero luego el rumbo cambia hacia lo ignoto, tanto para mí como los personas. Primero por que el diagnóstico no se trata de estructuras, ni mucho menos de cuadros de trastornos estadísticos de algún manual industrializado. Se trata de determinar movimientos, acciones diarias, lugares que se ocupan, relaciones sociales, de parentesco, laborales, filiales, conyugales, recreativas. Y a partir de ahí poder ver que es lo cristalizado, lo constituido, lo armado. Artificios y artilugios existenciales. En base a esto poder, provisoriamente, oír-visualizar algo. Que hay ante el colectivo (personas: familiares, amistades, laborales, pareja; objetos materiales; animales; inmateriales: valores estéticos, económicos, morales, éticos) cómo desarrolla sus días se puede determinar su posición y por qué no ante el deseo. Porque hay algo fundamental: el deseo no es tomado como transcendental. No se llega al deseo, no se posiciona ante el deseo, no hay enfrentamiento primordial ante la falta, ni de las líneas de carencia, de la ausencia, de la inermidad continua. Por ende ¿acaso no hay inconsciente? ¿Devenimos al triunfo enmascarado del yo, de las perspectivas biologistas, el neo neo conductismo-cognitivismo? Tampoco. Hay sujeto, pero no uno, ni UNO, ni otro, ni OTRO, todos menos uno, fórmula de la eterna diferencia = n-1. Hay inconsciente pero es maquínico, conecta y corta, produce, a veces reproduce y otras no produce. Toma, colecta, copta, restituye, arma, constituye el drama (tragedia y comedia) y no solo es teatro, deviene fábrica, taller, paisaje. Producción de subjetividad, antes que reversiones de un sujeto. Potencia antes que carencia. Singularidades antes que reediciones.