sábado, 16 de febrero de 2013
Brújulas Boca_cionales
Nos han atrapado, el deseo está fragmentado en un papá, una mamá o sus subversiones y en la falta. Y el sujeto también fragmentado entre lo que dice y lo que querría decir, lo enunciado y la enunciación, inconsciente y sujeto. Más que retorno a Freud, parece un retorno a Descartes: digo y luego soy. Pareciera que nadie puede hacer ni decir nada, si no es superando algo así como una pequeña muerte, angustia de castración, falta del ser en ser lo que vendrá. Y el deseo sigue escapando a la familia; al consultorio del analista; a la sociedad y al estado. Aquello que se hace sin mediar la razón o sin su separación con la pasión; la inconsciencia mera, donde todo se puede y no hay que contrastarlo con ningún principio (de realidad) o fin (de la pulsión). Deseo a la manera oriental, donde no le falta nada, lo hace todo, desea desear. No es omnipotencia, este toda potencia no es metafísico, es lo más material que existe. Es en las producciones donde el deseo como tal circula. Producciones sociales, cuando el individuo se engancha a ellas o no. Un inconsciente que produce, no que representa.
Si los jóvenes no tienen o les cuesta una elección o incluso no producen absolutamente nada es porque el deseo está obturado, reprimido. O también se sumen a las formas de producción de deseo, ciertas marcas, registros, códigos del deseo: Harás esto, trabajarás así; consumirás esto; la sexualidad será así. Las instituciones han logrado su cometido: ejercer el poder del estado y ponerlos en la antiproducción. Y sobre todo colmarlos de afectos tristes para que no hagan nada más de lo que se les ofrece. La tarea positiva de la orientación (coincido con Maritza Montero) es la mirada positiva de las individuos concretos, que ellos pueden jugar, también, en el poder. Dejar de delegar, de creer en la representación e implicarse en su problemática. Todo el campo social es político. También coincido con la postura, de los que trabajen en orientación, sean de agentes o de catalizadores, del deseo, movilizar o hacer estallar el deseo en estratos nunca antes pensados o sentidos. Nos salimos aún más de la posición en la que podemos caer, de déspota disparador de verdades y directores de la acción; es decir de llegar a institucionalizarnos. Tal vez nuestra tarea sea únicamente mediática, somos un camino a liberar las producciones del inconsciente.
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