
Creo que en estos tiempos de incertidumbres algunas cosas que serán dichas estarían acordes a lo que se pide en diversos lugares. ¿Qué hacer con nuestros hijos? Tanto en su conducta problemática como también el tiempo de recreación que compartimos con ellos. Pequeñas morales porque son algunas guías de qué hacer con ellos, ya que son cuestiones a hacer, como toda moral (una hábito social-tradicional no codificado, pero si trasmitido), pequeñas por que son pocas y a la vez no buscan trascender sino a ser utilizadas y tal vez olvidadas, urgidas por el momento. Y antes de volcar la cuestión sobre los hijos, hay que volver la cuestión al origen de los niños. Por que son los padres que de un modo u otro pasan las cosas a los hijos, sean posturas, intereses, formas de hablar, los temas que se hablan, los juegos, los juguetes, los gustos, las comidas, y también los odios y aversiones. Entonces la influencia sobre los hijos no hay que menospreciarla, porque se hace (y creo que es la forma) de un modo indirecto, más inconsciente.
Los chicos nos observan, captan lo que los padres dicen y hacen crean modelos y juicios a partir de nuestras acciones y discursos y de un modo irrisorio nos marcas nuestras contradicciones.
La primera moral es: la serenidad. ¿Cuál sería su opuesto y es lo actualmente nos marca? El nerviosismo, la intranquilidad, la confusión, los raptos emocionales. Por favor no quiero decir que seamos santos, iluminados, totalmente lúcidos y equilibrados eternos en los que podemos manejar todo inteligentemente. Sino que en los momentos que pasemos con ellos tratemos de despejarnos de los problemas que nos ponen en tal estado. Por que esto excede a la relación de los padres con los hijos, es en el desenvolvimiento social: laboral, colegial, circulo de amigos, pareja, la relación con el otro padre que puede ser disidente. Tensiones que huyen a los hijos, ellos no llevan la responsabilidad de la situación, salvaguardar su inocencia: no tienen la culpa de lo que nos pasa. Las descargas de nuestras tensiones no deben apuntarse a su dirección. Contagiarnos de su dulzura o si no llevarla nosotros, la serenidad es ese despeje de las cosas que nos ponen mal y disfrutar de los hijos. Obviamente este manifiesto pone a los niños en primer lugar, por sobre todas las cosas. Tranquilos, paren, deténgase, mírelo a los ojos, escúchelo.
Segunda: juega jugando. A veces no hay que planificar el juego con horarios, objetivos, reglas de un modo fijo o cerrado. Sí, para el juego es necesario estos ítems a tener en cuenta a la hora del juego, pero es en la etapa inicial. A veces hay que dejarse llevar y en el juego es parte de ello. Hay juegos y juegos, pero se medirá según la edad de cada niño; en edades más avanzadas es importante el seguimiento de reglas, de las metas del juego, y del fin del juego. Pero en los comienzos se juega por que se juega, no importa como empieza y como terminará; lo más probable es que se reorganizada a cada momento, nuevas reglas, nuevos roles, la improvisación es su expresión.
Tercera: Limites. Los límites, su marcación no es autoritaria sino cuidadosa. No es que el niño deba acatar los no que vamos diciendo, de modo absurdo o sin-sentido para ellos. Tampoco darle una extensa charla del porqué del no. Sino a sabiendas de que es bien, a largo plazo. Nuestra función es de guías, de balizas, de cuidadores por ello es que algunos no se hacen o dicen evitando un daño o perjuicio para su persona. A la vez algo más, para ésta indicación sea acatada el niño debe tomarla como válida, y no es como enunciábamos más arriba, automática, divina, hereditaria sino ganada, el respeto se gana en base a posturas y comportamientos cariñosos hacia el niño. Una limitación, un marco es un acto de cariño (y cariño no es solo muestra de ternura y amor).
Cuarta: Seguridad Psicológica. Es importante para el carácter del infante el sentirse seguro. Y ante esto debemos hacer una digresión: nótese que hablamos de cuidados no de protección. La protección corre el riesgo de tornarse en sobre-protección. Muchas veces las inseguridades o temores son transmitidos por los padres, es verdad que con el afán de preservar su integridad pero se nos puede ir la mano. Esto tiene consecuencias para nuestros hijos ya que le queda el mensaje de que el entorno (sea ambiental o social, poco importa) es altamente hostil y que él no va poder defenderse o sino con la ayuda de sus padres. El cuidado abre un poco más el campo a la exploración de las capacidades, para que sea gradual y tenga la sensación de que puede vérselas con el entorno desconocido hasta que se sienta integrado, seguro y manejable. La otra digresión es que seguridad no implica bajo ningún aspecto libertinaje. Que se le permita todo, que puede con todo, que sólo importa lo que sienta. Una cosa es la seguridad y otra el egoísmo.
Quinta: el civismo. La familia es importante pero no es el todo. La familia esta imbricada en lo social, en la comunidad, en las instituciones. Vieron que hay casos donde son permisivos con conductas que deberían reprocharse y por diversos motivos no se las socava; cuando en otros ámbitos se las quiere corregir el niño parece no comprenderlas… ¡Y cómo creen! Si el mensaje que traen del lugar de crianza es que eso está bien que se haga, si lo hace todo el tiempo. Debe de pensarse la crianza como un ciudadano, que convivirá con otros que son diferentes a él y que tal vez querrá las mismas cosas. No es la Civilización, así con mayúsculas, pero si lo político, de la polis, de la ciudad del vérselas con el vivir en comunidad.
Bien por ahora dejaremos éstas pequeñas morales, con el objetivo de no abrumar ni de mandonear, son sugerencias, guías de algunos aspectos de la crianza. No son leyes fijas y eternas, son pautas a ser revisadas. Se resalta el juego de valores, de valoración del con-vivir con-entre-de-desde-para-ante los niños y niñas. Velamos por en interés superior del niño/niña. Pero tratando de no caer en posturas enquistadas de un polo o de otro. Sino dentro de la sensatez y la serenidad, salvaguardando y respetando el mundo infantil.
Quinta: el civismo. La familia es importante pero no es el todo. La familia esta imbricada en lo social, en la comunidad, en las instituciones. Vieron que hay casos donde son permisivos con conductas que deberían reprocharse y por diversos motivos no se las socava; cuando en otros ámbitos se las quiere corregir el niño parece no comprenderlas… ¡Y cómo creen! Si el mensaje que traen del lugar de crianza es que eso está bien que se haga, si lo hace todo el tiempo. Debe de pensarse la crianza como un ciudadano, que convivirá con otros que son diferentes a él y que tal vez querrá las mismas cosas. No es la Civilización, así con mayúsculas, pero si lo político, de la polis, de la ciudad del vérselas con el vivir en comunidad.
Bien por ahora dejaremos éstas pequeñas morales, con el objetivo de no abrumar ni de mandonear, son sugerencias, guías de algunos aspectos de la crianza. No son leyes fijas y eternas, son pautas a ser revisadas. Se resalta el juego de valores, de valoración del con-vivir con-entre-de-desde-para-ante los niños y niñas. Velamos por en interés superior del niño/niña. Pero tratando de no caer en posturas enquistadas de un polo o de otro. Sino dentro de la sensatez y la serenidad, salvaguardando y respetando el mundo infantil.


No hay comentarios:
Publicar un comentario