domingo, 26 de agosto de 2018

Parejas y micropolítica

En éstos ciclos de charlas sobre las temáticas desde, digamos, el tamiz de lo esquizoanalítico tomaremos o pensaremos lo que podemos aportar a los tratamientos de parejas.
Si bien tratamos de eludir el campo familiar, lo eludimos como contenido, evitamos el familiarismo. El punto de reducción en que todo es familia, que una pareja por ejemplo ya es una familia, sea potencialmente o más profundo aún, que los conflictos y coincidencias en la pareja tienen que ver con algo de las familias de origen. Futuro, presente y pasado signado por la familia.
Los que nos vienen siguiendo hace un tiempo ya sabrán que apuntamos al campo social, que primero es lo social y la familia es una producción de ésta, no al revés. Lo que por mucho tiempo se ha tomado como que el núcleo de lo social, la célula de la composición es la familia. Por ello en base a lo ocurre en un nivel, lo veremos reproducirse en otros. Iremos a los enunciados, a los agenciamientos de enunciación (que incluye también a los enunciantes).
Iremos a un más allá. Pero a no confundirse con que lo individual o lo particular de cada pareja no tiene cabida o importancia, sino que para abrir un poco el marco con lo cual se aborda las problemáticas de la pareja.
Lo micro
En cada pareja se baten los juegos de poderes, las diferencias de fuerzas, o lo diferencial en el encuentro de fuerzas, de imposiciones de uno sobre otro, del poder que como se viene trabajando no solo es el poder coercitivo, sino la potencia lo que cada quien puede. Tomando como referencia a Spinoza y a Nietzsche, el deseo como perseveración del ser o en el segundo como voluntad de poderío. Algo que genera, que promueve, que gestiona la realidad. Ahora y como comentábamos antes, se bate lo que acontece en cada sociedad.
Si en nuestro territorio geopolítico, nuestra historia nos habla desde diferentes lugares sobre la supremacía masculina sobre la femenina. Que las mujeres son las histéricas, las locas, las de la labilidad emocional, las que son gobernadas por las hormonas, las que se mueven por la perseveración de la especie, las protectoras de los hijos, las del hogar, las que traicionan, a las que “debes de andar con látigo”, las que compiten entre sí y otros enunciados más. Una red de enunciados, una regularidad que posicionan, da los pasos por donde se puede pasar, registra, para ser más puntillosos codifica: como sentir, que hacer, que pensar.
En una primera época en el inconsciente esquizoanalítico, se hablaba de una producción, reproducción y antiproducción como formas del deseo. En una etapa posterior se hablara de disposiciones o agenciamientos distribuciones de ésa multi-energía. Se apunta a un construccionismo, un armado de la forma de vida. Donde el material es plural está lo personológico, pero también está lo incorporal-posible; los discursos, enunciados o flujos materiales y los linajes maquínicos de qué ensamble proviene. De lo social no se toma a forma global y unificada, sino fragmentos además también en etapas posteriores de producción esquizoanalítica el sema que comienza a usarse es colectivo. Para abarcar también un poco más que lo social en la constitución subjetiva.
Henos aquí en el desencuentro de lo que se dictamina que hacer y lo que sucede. De modo subterfugio y actualmente ya no tanto, las mujeres tienen otras posiciones ante los roles y lugares que se disponían para ellas. El derecho a voto, la posibilidad de ocupar cargos directivos, no necesariamente está obligada al hogar y otros progresos más. Pero no es global, el cambio no es total, ya que hay vestigios de los enunciados anteriores y ése sedimento se juega en cada persona no importa de qué género. Porque sí, hay también mujeres machistas. Pero no por militancia sino por conformación. Es decir se perciben a sí mismas y a las demás a través de la red de enunciados del machismo. Porque no patriarcado, porque es entronar la figura del padre como figura masculina y molde de ésta forma de coerción, entonces se prefiere algo más abarcativo, donde el patriarcado, el paternalismo y otras son formas de ésta.
Lo micro es para remarcar que la cuestión es de pliegue, de infiltración, de derrame. Es difícil pensar sin la cuestión de escala, que se trata de tamaño. Lo que ocurre a un nivel pasará de igual medida en otro. Ya lo anunciábamos arriba con lo familiar, no quisiéramos entrar en los mismos fueros. Se trata de entrever que se juega tanto en una como en otra y lo que no también. Lo que nos apoyamos es en estar sensibles a los microfascismos que pueden darse. En las rigideces de las posturas, en las cristalizaciones de comportamientos. A la vez salir de las estructuras, en tomar un modelo para ver la realidad.
Volviendo a que hay agentes que se suben o son subidos a los agenciamientos colectivos de enunciación, y hacemos hincapié en lo colectivo porque es heteróclito con lo que se expresa. Por lo que estaremos dispuestos a escuchar y cazar esa red de enunciados que muchas se expresan en los conflictos que padecen las parejas.
De los encuentros
La mayoría de las veces la convocatoria es iniciada por las mujeres, pocas veces es por varones. Vienen de un cúmulo de transgresiones, discusiones elevadas de tono, denuncias a nivel civil penal, intervenciones policiales… sí en algunos casos son graves los estados de las peleas (describir sobre las parejas actuales). Dónde es un externo a la pareja la que marca el estado de la situación, algún familiar, un vecino, amigos, etc. Las menos de las veces ocurre que, si aplica en el caso, tras una rotación de terapeutas por los hijos con problemas en la escuela que decantan en un problema familiar y de fondo de pareja.
Los relatos comienzan con las faltas incurridas de uno hacia otro, como si fuesen ésas las causantes de los problemas. Lo que hace y no se da cuenta. Échame a mí la culpa de lo que pase (Canción de Albert Hammomd)
Algunos conceptos
Las promesas incumplidas- zona de promesas: Con ello hacemos referencias que a la hora de la conformación de la pareja lo que cada uno le promete al otro, lo que Nietszche decía del hombre que puede prometer. Rompiendo con las instituciones, que marcaban de diferentes formas para que se cumplan los preceptos y sostener el control sobre la sociedad, que se establezca la deuda, la marca. En la adjudicación y asunción de roles, las parejas suponen lo que el otro ha de querer. Devaneos en sofismas de lo que se quiere… Aquí es cuando comienzan a establecerse las promesas: cumpliré con lo que me pides.
De éste punto lo que podemos resaltar es la zona de… Es decir ese intersticio entre los deseos de uno y de otro, entre lo asumido y lo adjudicado, entre una historia y la otra.
Los deberes y deudas: Sumando un poco a lo anterior en la mayoría de las relaciones, lo que ocurre es que se entra en un círculo de varias D. DEBER DEUDA DUDA DOLO DECEPCIÓN DESEO. Básicamente es una polaridad entre deber y deseo: lo que se supone que haga vs lo que se quiere hacer. Si la distancia es mucha entre uno y otro se generan los afectos que nombramos. El deber conlleva el dejo de obligación lo que se tiene que hacer hacia alguien externo. El deseo más o menos implica también una obligación pero para consigo mismo. Uno supone un poder sobre otro, el otro la potencia. Pero en un choque de potencias se verá cual se afirma más que la otra.
Acá nos distanciamos un poco de lo esquizoanalítico como para adentrar en la relación entre dos cuerpos y no como se conforman éstos, indicando que por cuerpo no sólo es lo biológico sino la individuación que implica una persona, la haeccidad un conglomerado con un cierto margen. Qué ocurre cuando uno se encuentra con otro. Habrá conexiones, resistencias, acople o re-captación, bloqueos, rechazos de signos, de semas que generarán estados. Es en el seno de las relaciones… conyugales dónde se ven los mapas de mundo que cada uno trae y contrae.
Volviendo al deseo y deber. El círculo más o menos se genera así: ante un pedido que puede ser disonante con el tono de una de las partes, se siente en obligación de hacer, porque así lo prometió (punto anterior) por ende se genera la deuda, lo que queda pendiente de hacer. Al perpetuar la deuda, y no cumplir, la otra parte se frustra, se lamenta le duele el incumplimiento, la decepción (otra D) y el dolo y el deseo porque la cosas sean de otro modo.
Las parejas son masoquistas: En las parejas se generan contratos implícitos. Masoquistas no en el viejo sentido de la asociación ílicita con el sado-masoquismo, sino con la figura de Sacher-Masoch. Deleuze hace un trabajo formidable con en los ensayos sobre esta figura tanto clínica como literaria y biográfica. Lo frío y lo cruel. En él, entre otros puntos que trabaja, tomamos el hecho de que este figura el foco no era solo el dolor… sino los contratos antes de un encuentro, dónde si tal vez había actos que impliquen el dolor, pero era cuantificado (la cantidad de latigazos, ni uno más ni uno menos) y el pago pecuniario en caso de incumplimiento. Lo nodal no era que el placer estuviese en el dolor, en la recepción del mismo, sino en el acatamiento o no del mismo.
En la formaciones de las parejas circula esa especie de contrato, de lo cada uno va a realizar, aportar, cambiar, ceder, abandonar, mejorar, ocultar, expresar… etc. Son los incumplimientos los que generan las fricciones, cruces y crisis. Nos parece que dentro de los análisis uno de los puntos es rever cuál es el contrato que se ha establecido y en base a eso renovar. No queremos adentrarnos en la teoría contractualista ni hobbesiana ni psicoanalítica, sino en la masoquista.
También ya se plantea en la Presentación de Sacher Masoch, un modelo de la muerte, es decir, se cuestiona la pulsión de muerte como fuente de aquello que se repite a pesar de generar displacer, hay algo que vuelve a la antimateria para decirlo de algún modo. Lo que Deleuze desarma es detrás de la pulsión hay un modelo de la muerte, una forma de captar de qué se trata, y en éste estudio en particular sobre lo frío, lo helado, sobre la intensidad cero… Pero la bajada de intensidad no es la nada, la aniquilación, sino la reducción al mínimo posible de acción.
La pareja como un organismo vivo. Cso. Hace un rato hablábamos que un nivel de análisis es de ver a la relación entre los cuerpos, declarados spinozistas, apuntamos en otro grado en ver también a la pareja como un cuerpo, donde se baten intensidades (que también lo anunciábamos arriba). Pero también para pensar lo que tiene que ver con lo a-significante, cuando lo pasional se reduce, llega a la posibilidad de que nada pase. Pero esto es importante, no es la muerte, es el modelo de la muerte, de lo cual algo puede conectarse, tocar y generar que algo surja.
El deseo y el ser deseado: Tomemos dos figuras del deseo. En la vida individual cada uno desea y es deseado. Pero lo más complicado de éste concepto es el de ser deseado. En las parejas circula que la fidelidad conlleva a la exclusividad que se cierra el panorama, en cierto sentido hay mucho de eso, pero lo que no se puede controlar es que a veces nuestra pareja es deseada, y no por nosotros. A alguien le puede gustar nuestra pareja y esto tampoco es fomentado por ella. Lo que si le corresponde es hasta dónde deja llegar aquella intencionalidad del otro. Ahora bien, esto se constituye en un problema cuando se aúna el deseo a la falta, a la necesidad. Empiezan los juegos de paranoia, y si uno de los dos tiene inconsistencia personológica (complejo de inferioridad adleriano) se agrava tal posicionamiento, ya que se apuntara a que como no tiene lo que se desea, se buscará en otro lugar… Algún lacaniano dirá: el amor es dar algo que no se tiene para quien no lo desea. Es la misma tesis en la falta pero en doblez, tanto del amante como del amado. Los amores polimorfos, a-humanos, de las partes, de los fragmentos tanto en fisionomía como en la dinámica de la elección, construcción de un paisaje...

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